


crática en América Latina.
b)
c)
Ecuador (Bertha García Gallegos)
España (Carles Barrachina Lisón)
Asociados.
vado en la política internacional actual
comprometido tanta energía en la instrumentación
de órdenes internacionales pacíficos, democráticos
y estables como EE.UU. a lo largo del siglo pasado.
funcionarios norteamericanos afectados a la trayecto-
ria internacional del país en lo que va del 11-s a esta
parte, o más difusamente desde la asunción del actual
presidente, notaríamos sin mayores esfuerzos que algo
velt son ilustrativos en ese sentido. Sus prescrip-
ciones cimentaron los órdenes de ambas posgue-
rras mundiales y le imprimieron una nueva diná-
mica a las relaciones entre los estados.
otras administraciones norteamericanas de posguerra
fría percibieron al mundo. Es más, escudriñando en
los antecedentes de los principales hacedores de la
política exterior actual llegaríamos a la poco novedosa
conclusión de que esa metamorfosis era totalmente
predecible. Y que de cierta manera, otro curso de las
cosas hubiera resultado ser una novedad. Si en algún
momento alguien guardó dudas sobre esta suerte de
determinismo burocrático, el 11-s las disipó conclu-
yentemente.
sido puesto en entredicho. Resulta al menos llama-
tivo que la mayor parte de la comunidad interna-
cional sostenga más o menos explícitamente que el
comportamiento reciente de Washington es nocivo a
reconoce falencias procedimentales otorga sustento
a principios esenciales de convivencia.
Estados Unidos constituye siempre un dato estructural
para cualquier análisis de política internacional. La
ascendencia histórica de su contenido sobre las condi-
ciones de orden del sistema obligan a no perder de
vista los momentos de quiebre en su desarrollo. En
última instancia, la actual coyuntura internacional
aporta un indicador fiel de su valor como variable ex-
plicativa.
nidad internacional, lo más desconcertante de la
actitud estadounidense respecto a lo acontecido en
Afganistán e Irak no pase por la entidad de los ob-
jetivos que públicamente se ha fijado como metas,
todos ellos deseables en sí mismos, sino en la forma
en que los ha perseguido y el sentido de pretendida
legalidad internacional que esta administración ha
cional contemporánea, digamos desde la Primera Gue-
supuesto de que la existencia de un delito determi-
nado (si es que lo hubo, con relación a Irak aún no
se han comprobado con claridad ni el vínculo del
rio de registración en: