Botas de color rosa. Las mujeres militares en el Perú

Ivette Castañeda García
Septiembre 2006



En el año 1996, la iniciativa del Congreso peruano para admitir la participación de las mujeres en las Fuerzas Armadas (FFAA) (1) pudo ser vista como una medida saludable para una organización que atravesaba, y para muchos continúa, una grave crisis por los altos niveles de politización de sus funciones, corrupción y los múltiples casos de violación de derechos humanos en los que se ha envuelto. La incorporación de las mujeres en las FFAA se hizo efectiva en 1998, pero hasta hoy la defensa nacional no es identificada más que con lo masculino. Identificamos a los hombres como los que se encargan de la seguridad de las sociedad frente amenazas internas y externas, no así a las mujeres. Además y precisamente debido a que no reconocemos la participación de las mujeres en nuestros institutos castrenses, desconocemos totalmente cómo es su desenvolvimiento en una profesión tradicionalmente masculina y particularmente distinta de otras ocupaciones en las que la participación femenina es cada vez más cotidiana. En ese sentido, nuestra idiosincrasia nos impide reconocer y analizar qué obstáculos y problemas existirían en el desarrollo profesional de las mujeres en el sector castrense. Colabora además, el poco interés de los civiles en temas militares y relacionados con la gestión de la defensa.

En este artículo pretendemos dar algunas luces; primero, sobre cómo ha sido el proceso de inserción femenina en las Fuerzas Armadas -para ello nos es útil representarlo como un "encuentro" entre institución militar y mujeres- y segundo, sobre cuáles serían los aspectos a tomar en cuenta para hacer de éste, un proceso satisfactorio.

En realidad, el encuentro entre las instituciones militares y el personal femenino no inicia en el año 1998. Desde varios años atrás existían experiencias previas en participación de las mujeres en la vida militar. Previamente a la creación de la ley de acceso de éstas a las instituciones castrenses podíamos encontrar personal femenino asistiendo las labores castrenses a través por ejemplo, de la Compañía de Servicio Activo No Acuartelado Femenino (SANAF) y de otras modalidades de inserción como el personal civil asimilado.

El SANAF fue creado en los 70s como una de las unidades que componen la parte administrativa o Comando Administrativo del Cuartel General del Ejército. Al mismo tiempo, representa una modalidad de servicio militar para las mujeres denominada "servicio en el activo". El "servicio en el activo" es un tipo de servicio militar que realizan personas seleccionadas entre los 18 y los 30 años de edad, en unidades o dependencias de los Institutos de las Fuerzas Armadas, en forma no acuartelada es decir, con siete u ocho horas diarias de servicio durante los días útiles de la semana.

Según el Ejército, el SANAF se encarga de "proporcionar personal a las dependencias del CGE (Cuartel General del Ejército), a fin de satisfacer los requerimientos de administración del cuartel, teniendo en cuenta la especialidad y el adecuado empleo de dicho personal" (2).

Esta modalidad de servicio también ha estado disponible para los hombres (3), lo que quiere decir, que este servicio fue concebido para que hombres y mujeres lo desarrollen por separado. Por ello existe un SANAF y un SANAM, y las integrantes del primero no necesariamente se relacionan con los integrantes del segundo.

Además de esta modalidad, en las Fuerzas Armadas siempre existieron áreas dedicadas a la atención y prestación de servicios al personal y en la administración de los cuarteles donde los militares no vieron problema con que las mujeres prestaran un apoyo. En todo caso, este apoyo no representaba cambios sustantivos ni quiebres para la organización a la que ya estaban acostumbrados. Las mujeres comenzaron a desarrollar labores por ejemplo, en los Servicios de Enfermería y Sanidad. Además formaban parte de oficinas administrativas conformadas por otros civiles al interior del aparato militar, en otras palabras, eran empleadas civiles en labores de administración, contabilidad, asesoría jurídica, secretariado, etc. Además de estas experiencias incorporación femenina en las Fuerzas Armadas, caracterizadas por un contacto laxo y consideradas como casos aislados; las mujeres y las instituciones castrenses peruanas no se encontrarán íntimamente sino hasta el momento en que el congreso dicta la ley de su inserción en la carrera militar.

A partir de este encuentro más estrecho que los anteriores, nos interesamos por analizar como ha sido la asimilación de la mujer a los cuarteles, en otras palabras, conocer cuál ha sido el nivel de entendimiento entre mujeres e instituciones militares.

Un referentes importante para el análisis de la incorporación femenina en los cuarteles peruanos, son los antecedentes internacionales.


Antecedentes mundiales

Mientras en Estados Unidos, podemos encontrar mujeres ingresando a las escuelas militares a partir de principios de siglo XX, ya que en 1901 se crea el Cuerpo de Enfermeras del Ejército (The Army Nurse`s Corps), la Marina imita, esta iniciativa en 1916. Ya en 1948, surge el Acta de Integración de la Mujer a los Servicios Armados (Women`s Armed Services Integration Act) la cual integra a las mujeres en cuatro instituciones de la Defensa hasta en un 2% del número total de la fuerza regular.

En Europa, los antecedentes de mujeres en las Fuerzas Armadas tienen aún mayor data, los primeros están relacionados principalmente con la falta de personal para labores administrativas durantes las guerras. En el Reino Unido, las mujeres ingresan en calidad de voluntarios desde 1881, con el Cuerpo de Voluntarios de Primeros Auxilios (The First Aid Nursing Yeomany - FANY). En 1917, el Ejército acepta la participación femenina como personal adicional y necesario para labores administrativas en las líneas de combate con Francia. Pasó de llamarse Cuerpo Auxiliar Femenino del Ejército (Women´s Army Auxiliary Corps - WAAC) en 1917, a denominarse Cuerpo Auxiliar del Ejército Reina María (Queen Mary`s Army Corps - QMAAC) al año siguiente, como parte del reconocimiento de la Reina por la importancia de sus labores.

En el caso de Francia, encontramos experiencias de participación de mujeres desde la Primera Guerra Mundial ocupando el rol de enfermeras voluntarias en los hospitales militares. Para la Segunda Guerra Mundial la ley prevé el alistamiento voluntario femenino. En adelante la apertura castrense a las mujeres francesas fue pausado pero cada vez mayor. En 1951, se modifica el estatuto de personal femenino de los Ejércitos, para permitir su incorporación en los cuatro primeros grados de oficiales y seis primeros para Sub Oficiales; en 1973, se permite que mujeres con estudios de licenciatura y suboficiales accedan a todos los empleos militares hasta el grado de Primer Oficial General y en 1976, mediante decreto, se permite a las mujeres alistarse como oficiales o suboficiales en el Cuerpo de Servicios Mixtos.

En España, una sociedad bastante conservadora, la Constitución de 1978 sirvió de plataforma para el cambio. Ella señalaba que todos los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación por razones de nacimiento, raza, sexo, etc (4); y al mismo tiempo, proclamaba el derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos (5). Sin embargo sólo después de haber pasado diez años, y a través de un Real Decreto las mujeres españolas pueden acceder a las fuerzas castrenses. A diferencia de Dinamarca, Holanda, Noruega y Bélgica, no existe alistamiento de las mujeres en el servicio militar común, ni en la rama de armas. Hacia el 2005, España era el país europeo con mayor presencia femenina en sus Fuerzas Armadas. El tema ha recibido un seguimiento especial tomando en cuenta que existe incluso una institución dedicada al monitoreo del tema, el Centro de Estudios sobre la Situación de la Mujer en las Fuerzas Armadas.

En América Latina el contexto para la progresiva incorporación de la mujer en sus Fuerzas Armadas no estuvo tan relacionado con las guerras, sin embargo la llegada de las mujeres a los cuarteles no ha sido sencilla. La inserción femenina en la carrera militar fue un proceso bastante largo y sumamente complejo en América Latina. La incorporación se desarrollo desde principios de los años 80s. Para empezar, en buena parte de los países la inserción no ha sido un proceso paralelo en sus fuerzas terrestre, naval y aérea, sino en años y modalidades particulares. Asimismo, en algunos casos cada fuerza tiene una política propia para administrar esa inserción, mientras una fuerza permite el desarrollo profesional de las ingresantes en ciertas especialidades, la otra no; incluso hay casos, como el de las fuerzas Naval y Aérea bolivianas, donde las mujeres únicamente pueden participar de las tareas administrativas. Un aspecto muy discutible es también la imposibilidad de las mujeres para desarrollarse profesionalmente en especialidades de la rama de armas y en particular, en las especialidades de combate. En casos como el de Chile por ejemplo, los institutos se abrieron parcialmente y de forma diferenciada a las mujeres en las primeras etapas de la carrera militar. Así, mientras en la fuerza terrestre ellas pueden ingresar a las escuelas de Sub Oficiales y Oficiales de las ramas de servicios y de armas, en algunas especialidades; en la Naval, apenas hace cuatro años se ha permitido su acceso a la categoría de Oficiales, únicamente en la rama de servicios. Con respecto a las posibilidades de superación en la carrera, en varios países del continente el desarrollo profesional femenino está limitado por las restricciones a los grados más altos del escalafón militar. La incorporación de las mujeres en la carrera militar es un proceso distinto en cada país y en líneas generales, estaría todavía lejos de representar una apertura de la totalidad de espacios al interior de las actividades castrenses. Más bien ha sido un ingreso difícil y hasta cierto punto, enredado.

El siguiente cuadro muestra como sólo en el plano formal y administrativo de la carrera militar en América Latina, se evidencian grandes barreras para la asimilación de las nuevas integrantes.


Incorporación femenina en las Fuerzas Armadas Latinoamericanas
País Año de incorporación ¿Pueden acceder a todas las especialidades? ¿Pueden alcanzar el grado más alto en todas las fuerzas?
Fuerza Terrestre Fuerza Naval Fuerza Aérea
Argentina Suboficiales y Oficiales Cuerpo Profesional: 1982, Oficiales Cuerpo Comando: 1977 Suboficiales y Oficiales Cuerpo Profesional (considereadas oficiales de reserva): 1981 Oficiales Cuerpo Comando 2001 Suboficiales: 1980 Oficiales Cuerpo Profesional: 1982, Oficiales Cuerpo Comando: 2001 No, no pueden ingresar a las armas combatientes en ninguna de las Fuerzas Si
Bolivia 1979 el ingreso se interrumpió en 1984 y se restableció en el 2002 Sólo en el ámbito adminsitrativo Sólo en el ámbito adminsitrativo Si, en la Fuerza Terrestre, pero no se cuenta con información de las otras Fuerzas No se cuenta con información
Brasil Oficiales Cuerpo Profesional: 1992 Oficiales Cuerpo Profesional: 1980 (se integran en 1988) Oficiales Cuerpo Profesional: 1982 No, no pueden ingresar a las armas en ninguna de las Fuerzas Si
Colombia Oficiales:1976, Suboficiales: 1983 Oficiales: 1984, Suboficiales:1997 Oficiales: 1982 No, no pueden ingresar a las armas en la Fuerza Naval No
Chile 1995 2002 (Sólo a campos como Justicia y Sanidad) 2000 No, no pueden ingresar a las armas en la Fuerza Naval Si
Ecuador 2000 2000 2003 No, sólo ingresan aalgunas de las especialidades No
El Salvador 2000 2000 2000 Si Si
Guatemala 2000 2000 2000 Si Si
Honduras 1997 s/d s/d s/d s/d
México s/d s/d s/d s/d s/d
Nicaragua s/d s/d s/d s/d s/d
Paraguay 2003* 2003 2003 No, sólo pueden ingresar a algunas especialidades en todas las Fuerzas Si
Perú 1998 1998 1998 No, no pueden ingresar a las armas de combate ni a las fuerzas especiales o submarinistas Si
Rep. Dominicana Oficiales Cuerpo Profesional: 1998 Oficiales Cuerpo Profesional:1981 Oficiales Cuerpo Profesional: 1981 Si Si
Uruguay Oficiales: 1998 Oficiales:2000 Oficiales: 1997 Si Si
Venezuela 2001 2001 2001 Si Si

En el 2003 se habilita la carrera militar para mujeres, sin embargo desde 1970 las mujeres paraguayas acceden a las especialidades de servicios como Bioquímicas, farmacéuticas, odontólogas, nutricionistas, abogadas, etc.

Fuente: Elaboración propia con base en información de Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina, Red de Seguridad y Defensa en América Latina (RESDAL). Buenos Aires, 2005, Pág 84-86.



El caso peruano

Como se ha visto, cada caso de incorporación femenina a los ámbitos castrenses ha sido particular y las condiciones político históricas representaron pautas para ese gran cambio. Asimismo, en cuanto al análisis del proceso que nos interesa en Perú, habría que hace un especial énfasis en dos aspectos, el primero relacionado con las diferencias en el proceso de construcción de roles de género en el país; y el segundo, las características en el desarrollo de sus Fuerzas Armadas.

En el Perú, si hablamos del primer aspecto debemos señalar que en términos generales nos encontramos ante una sociedad machista, donde la participación de la mujer en lo privado tradicionalmente se ha dado de forma subordinada y en los espacios públicos de manera muy reducida. En algunos ámbitos políticos como los partidos políticos, el Congreso de la República y los gobiernos locales y regionales, se ha logrado implantar mecanismos de apoyo a la participación femenina como las cuotas (6). Las cuotas se aplican para la elección de cargos en el Congreso de la República, los gobiernos regionales y locales, los cargos directivos de los partidos político y el Parlamento Andino. En el congreso de 1995, el porcentaje de mujeres elegidas fue del 11.67%, porcentaje que se incrementa a partir de la implantación de cuotas y se hace visible en el 21.66% de mujeres elegidas en congreso del 2000, y el 29.17% en el congreso del 2006. Además a partir de esta iniciativa, como nunca antes en la historia política del Perú, las mujeres congresistas representantes de los departamentos del interior son la mayoría. En el ámbito regional y local, los cambios no han sido tan positivos, y sigue siendo un reto lograr una representación más equitativa en los gobiernos locales y regionales.

En cuanto al segundo aspecto relacionado con las características propias de nuestras Fuerzas Armadas, habría que comenzar por aquello indiscutible al dar un vistazo a nuestra historia republicana, y es que los militares representan el sector más duro y (auto)empoderado del Estado, aquel con tantas presunciones para la dirección política como para asumir roles políticos de conducción nacional e intervenir en la formulación de las políticas de Estado. Los miembros de las Fuerzas Armadas peruanas participaron en el poder político a través de sus golpes institucionales (en los años 1962, 1968 y 1992) y de los alcances que les permitían sus redes al interior de los poderes públicos. En ese sentido, la formación castrense entendida como un proceso de transmisión de conocimientos y al mismo tiempo, como otro proceso paralelo y de intensa resocialización (7); tiene un papel decisivo en el desarrollo de las Fuerzas Armadas en el Perú, es decir en la actitud y las pretensiones políticas de muchos de sus miembros. Para efectos del tema, nos interesa más profundizar en el último aspecto de la formación militar.

En cuanto a las características de la socialización realizada en los institutos castrenses, éstas son sin duda, decisivas para suscitar en sus miembros los sentimientos, actitudes y cualidades que la institución exige a sus miembros.

Las Fuerzas Armadas al igual que los conventos constituyen instituciones totalizadoras (8). Ello quiere decir que separan a sus integrantes del resto de la sociedad para ubicarlas en un espacio cerrado donde pasarán por experiencias comunes y de profunda funcionalidad para la institución. En el caso de las Fuerzas Armadas, sus nuevos miembros ingresarán a ella abandonando su entorno inmediato. La primera etapa de formación en el Escuela Militar de Chorrillos o la Escuela Naval, será sumamente intensa porque durante su estadía descubrirán que ya no responden por sí mismos sino por un colectivo, el cual es usualmente su grupo de promoción. Los utensilios, las prendas de vestir y los materiales de estudio serán iguales para todos. Las reglas se aplicarán a todos sin excepción y con rigor máximo que permita dar cuenta a los miembros que la disciplina es fundamental. En adelante, todas las actividades serán realizadas de forma conjunta desde las rutinas físicas hasta el descanso diario, pasando por las clases teóricas y las horas de comida.

El coraje, la obediencia y la disciplina, la valentía se importantes son forjadas durante este periodo de inmersión en la institución.

La idea es que estas experiencias permitirán moldear el carácter de los miembros de la institución para afrontar las necesidades de la vida militar y en última instancia, para adecuarse a las necesidades de la propia institución.

En el caso peruano, el cambio en la normativa estatal para incluir a las mujeres en las FFAA debió haber redundado en un cambio sustantivo en los lineamientos de la institución comenzando por la formación militar; es decir, en el entorno material o infraestructura, las reglas formales e informales y las prácticas cotidianas y rituales. Pese a la importancia de la iniciativa legal del Congreso de la República en 1998, e incluso a la necesidad de los institutos armados por mantenerse a la altura de los cambios en otros institutos del mundo, lo más probable es que la incorporación de mujeres no fuera tomada como la oportunidad que representa. En efecto, la oportunidad para realizar una necesaria reflexión sobre los procesos que comprende formación militar y para reformar las estructuras más íntimas de una organización histórica y poco flexible, no parece haber sido aprovechada por los encargados de dictar los lineamientos institucionales de la organización militar.


Reflexiones
Tomando en cuenta entonces los referentes internacionales del encuentro entre mujer e institución militar y las condiciones existentes para este encuentro en el contexto peruano nos queda preguntamos, ¿qué tan exitoso puede haber sido el caso de la inserción de la mujer peruana en los cuarteles? ¿qué medidas ha tomado nuestras instituciones castrenses para asumir ese encuentro?, ¿es ahora el ejército una institución tan masculina como femenina?, o por el contrario, ¿son las oficiales las que han tenido que adecuarse al carácter rígido y masculino de la institución? Además, ¿qué otro tipo de estrategias han debido desarrollar las oficiales para encajar en la organización militar?

Pero ¿por qué nos resulta complejo plantear estos y otros temas? Los numerosos asuntos surgidos a partir del ingreso de la mujer en las Fuerzas Armadas nos remiten en última instancia, a un problema de sentido de los tiempos presentes, la participación de la mujer en la vida pública. Es decir, es un "problema" en tanto este cambio contraviene uno de los principios de división del trabajo más básica en el mundo occidental, la cual le asigna el rol de guerrero al hombre, y el rol de madre y ama de casa a la mujer (9).



[1] El congreso presenta la ley 26628. Ley de acceso de las mujeres a las escuelas de oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.
[2] Portal web del Ejército peruano http://www.ejercito.mil.pe/ejercitoactual/organizacion/ca_cge/cacge.htm Fecha 25/08/06.
[3] Las modalidades para realizar el servicio militar en el Perú son en "reserva" el cual se realiza con la preparación militar durante un año en los cuarteles, y en "activo" el cual se realiza como cualquier otra prestación de servicios en el sector civil.
[4] Artículo 14. Constitución española de 1978.
[5] Artículo 23. Constitución española de 1978.
[6] En el año 1997 el congreso modificó la legislación electoral para introducir la cuota de género. Las cuotas de género para presentar candidatos al congreso es del 30% a favor de las mujeres.
[7] Al respecto revisar los estudios de Florez, José Miguel quien plantea que la formación castrense representa un doble proceso, uno predominantemente caracterizado por una educación técnica y otro, más bien sustentado en experiencias necesarias para que el ingresante asuma ciertas actitudes y valores importantes para la institución militar.
[8] Goffman, Irving. Internados. 1961
[9] Fernández Vargas, Valentina. "Mujer y Fuerzas Armadas". En: La Mujer en las Fuerzas Armadas en España. Vargas, Valentina; Busquets, Julio y Rodríguez, Maria Luisa (coord.). Madrid: Ministerio de Defensa, Secretaría General Técnica, D.L. 1991.


Fuente:
Artículo elaborado para el Instituto Interamericano de Derechos Humanos.