VAMOS A SERVIR!

José Miguel Florez
Septiembre 2006


Las salidas fáciles son siempre atractivas pero casi siempre ineficientes y poco efectivas. El debate sobre la pena de muerte para los violadores de niños es un ejemplo de ello, aunque el argumento basado en la “mano dura” y el rigor como instrumentos útiles para la disuasión de conductas antisociales e incluso para la formación de valores sociales, también está presente en otras propuestas.

Como suele pasar en nuestros lares, el retorno al servicio militar obligatorio (SMO) ha aparecido en la agenda pública a contracorriente de la opinión de las autoridades y sin que anteceda una demanda concreta de las organizaciones pertinentes -léase FFAA- fundamentada en información específica acerca del estado real la cobertura de efectivos requeridos para la defensa nacional.

A pesar de ello, la propuesta ha sido lanzada por una serie de actores políticos, alcanzando la voz afirmativa del Presidente de la República. Con estas propuestas se anuncian los beneficios de formación de valores e integración social que redundarían de un servicio militar verdaderamente obligatorio para todos.

En este debate, los argumentos no deberían ir sólo en contra del SMO, sino sobretodo a favor del servicio militar voluntario (SMV). El servicio militar tiene que ser una alternativa consistente para el joven peruano. En ese sentido, soslayarlo como mecanismo de ascenso social y de ocupación sería ingenuo y miope. Desde dicha constatación se abre la posibilidad de que se obtengan, con el SMV y no con el SMO, los mayores beneficios tanto para la defensa nacional, como para el progreso personal del recluta (estipendio digno, capacitación técnica, mejora de la autoestima, conocimiento de deberes y derechos, facilidades de inserción laboral, etc).

La alternativa a un supuesto déficit en la cobertura de reclutas en la FFAA no es el SMO sino el fortalecimiento del mismo SMV. Éste es un potencial recurso para captar a jóvenes motivados, lo cual podría determinar una reducción de la deserción militar y una mejor aptitud del recluta para la actividad militar. Por otro lado, el SMV debe convertirse en posibilidad de capacitación y ocupación temporal para un amplio sector de jóvenes de ámbitos urbanos y sobretodo rurales, que mantienen acceso limitado a oportunidades de capacitación técnica y promoción del empleo.

Los actores políticos, en lugar de plantear salidas fáciles como el retorno al SMO, deberían preocuparse de cómo potenciar y fortalecer el servicio militar voluntario: los dispositivos y recursos para la promoción de mecanismos de capacitación técnica, el aseguramiento de un trato digno y respetuoso dentro del SMV, la generación de mecanismos de promoción del empleo para licenciados y reservistas, la generación de mecanismos de promoción de educación superior, la promoción de mecanismos de acceso al apoyo financiero para proyectos productivos, la capacitación de personal oficial y subalterno respecto al buen trato de los reclutas; además del diseño de una estrategia para la sensibilización de la comunidad y los jóvenes acerca de la importancia y los beneficios del Servicio.

Los asuntos de la defensa nacional siempre parecen ajenos a la ciudadanía, y los políticos parecen empeñarse en perdurar esa imagen. Opciones tan rígidas como la conscripción obligatoria someten al ciudadano frente a las necesidades de la Defensa, afirmándola como espacio rígido que no pertenece a la ciudadanía sino que se le impone.


Fuente:
ideelemail, N° 503, 19 de septiembre de 2006
Publicación electrónica del Instituto de Defensa Legal