Una vez ocupado Irak, persisten condiciones que podrían derivar en una guerra contrainsurgente de carácter prolongado. Esta posibilidad se transforma en una interrogante abierta, dado que los estimados estadounidenses parecen indicar que la creación de un gobierno iraki estable está lejos de concretarse y todo parece indicar que las tropas estadounidense permanecerán en Irak por un tiempo prolongado.
La contradicción entre la declaración formal de victoria choca con la situación real en el terreno en Irak. Al mismo tiempo, la posible prolongación de la ocupación del territorio iraki, complica la llamada estrategia de salida´ (exit strategy). Cabe recordar que las victorias militares no siempre son una victoria política.
La expansión de estrategias preventivas a otros actores del entorno internacional, tiende a complejizar las relaciones interestatales. En este marco, la cooperación - como elemento fundamental - se enrarece a partir de medidas de fuerza y la relativa ausencia de incentivos, a pesar de que la lógica competitiva en el terreno de la seguridad es difícilmente eliminable. Sin embargo, un enfoque a partir de intereses y de responsabilidades compartidas contribuiría a fomentar una cooperación efectiva.
La estrategia de prevención es expansiva y al mismo tiempo provoca una tendencia hacia el incremento de la capacidad disuasiva especialmente en los países pequeños. Al mismo tiempo, esto abre nuevas rutas a escaladas en el terreno del armamentismo en detrimento del desarrollo y - en el plano interno de las sociedades- a tendencia neo-autoritaristas.
La prevención a través de la guerra y ocupación transluce - en un marco de competencia entre estados en el ámbito internacional - una reformulación del sistema internacional por la fuerza que va en detrimento de la diplomacia, el multilateralismo y la disuasión en los términos en que había sido aplicada hasta ahora.
Cabe recordar que el compromiso de Estados Unidos para "expandir la democracia" en el mundo resultó en el derrocamiento de gobiernos electos democráticamente y el apoyo a regímenes autoritarios durante la guerra fría. Esto desembocó en los más grandes atropellos a los derechos humanos, ya sea por las agencias estadounidenses en otros países o por los mismos cuerpos judiciales y de inteligencia de las naciones latinoamericanas, en la época de las ´guerras sucias´.
El segundo argumento para la guerra preventiva en Irak ha sido el "cambio de régimen". Dos temas fundamentales se derivan de este nuevo impulso democratizador: el primero se relaciona con la imposición de la democracia por la fuerza, y el segundo se relaciona con el derecho que los Estados Unidos asumiría como propio, de desmantelar cualquier gobierno autoritario -o con características no aceptables desde su perspectiva- por la vía militar.
En el plano mas general, el impacto negativo de la guerra en Irak en a opinión pública global es significativo. El desgaste del apoyo a la guerra contra el terrorismo y el deterioro de la relación transatlántica que se ha evidenciado durante el transcurso del debate en torno a Irak. Incluso Gran Bretaña -tímidamente - apuntaba a un enfoque diferente en cuanto a la participación de Naciones Unidas en la fase de reconstrucción. El mundo musulmán y en general el mundo árabe reaccionaba airado, incrementándose el nivel conflictual del Medio Oriente, suficientemente enrarecido ya por la situación existente previo a la guerra en Irak. La transmutación creciente de instancias internacionales, especialmente Naciones Unidas, se incrementa aceleradamente, en un momento en que rescatar el multilateralismo es un imperativo. Por último, la percepción sobre los Estados Unidos es cada vez mas negativa en el ámbito internacional. La cristalización de una imagen negativa como la existente, tendería a adquirir carácter iconográfico en la medida en que la potencia hegemónica continúe con su proyección belicista.
El fortalecimiento del papel del estado -en la potencia hegemónica- requiere de especial atención ya que se incrementa su capacidad para asumir posturas autoritarias e intervencionistas. Desde la perspectiva del resto de la comunidad internacional, es necesario subrayar que cada estado soberano, responde a sus intereses y protege su autodeterminación.
Una de las alternativas es que la administración GW Bush siga la ruta señalada en su retórica amenazante y desate guerras sucesivas, en los momentos que considere adecuados. La segunda posibilidad es que la guerra en Afganistán y que la guerra y ocupación de Irak, tenga por objetivo fungir como un disuasivo de nuevo tipo para enemigos posibles, regímenes "no aceptables", competidores potencialmente peligrosos y posibles adversarios, entre muchos otros.