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El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos apoyado por algunos de sus aliados, decidió iniciar las hostilidades contra Irak sin contar con la autorización de las Naciones Unidas. El fin de la guerra fue proclamado oficialmente el 1º de mayo, y hacia el 13 de diciembre Saddam Hussein fue capturado por las tropas estadunidenses emplazadas en Irak.
Para justificar la guerra contra Bagdad, Estados Unidos argumentó la existencia de una relación entre ese país y el terrorismo internacional. Asimismo insistió en que el régimen de Saddam Hussein desarrollaba armas de destrucción en masa. A la fecha es difícil probar ambos argumentos. Al igualar a Irak con la amenaza terrorista, Estados Unidos cometió un error estratégico dado que no definió prioridades y por ende distrajo –y lo sigue haciendo- recursos materiales y humanos que paradójicamente vulneran su seguridad. Por cuanto hace a las armas de destrucción en masa, si bien el régimen de Saddam Hussein comenzó a desarrollarlas desde hace un par de décadas, la mayor parte de las citadas armas fueron destruidas tras la Guerra del Golfo de 1991.
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