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RESDAL contribuye a difundir el rol del Servicio de Conducta y Disciplina de la ONU en el marco de las operaciones de paz

Con el apoyo de la Iniciativa Elsie del Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá, el 20 de noviembre RESDAL realizó el seminario web “Operaciones de Paz: El Rol del Servicio de Conducta y Disciplina de las Naciones Unidas”. Moderado por la especialista Cecilia Mazzotta, el evento formó parte de la serie “Conversaciones interregionales desde el Sur Global”, un ciclo impulsado por RESDAL en el marco del proyecto Mujeres en Operaciones de Paz: apoyo a entornos inclusivos a través de la colaboración interregional y el compromiso nacional. 

Impulsado y organizado por RESDAL desde 2024, este ciclo ha contribuido a fortalecer la cooperación Sur–Sur y Sur–Norte, y ha demostrado la importancia de sostener espacios de intercambio sobre la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad. La actividad reunió a más de 400 participantes de 53 países provenientes de fuerzas armadas, instituciones judiciales, organismos gubernamentales, agencias de la ONU, organizaciones de la sociedad civil, academia y expertos independientes, lo que evidenció un interés creciente por comprender y mejorar los estándares de conducta en las misiones de paz. 

El encuentro, moderado por la experta argentina Cecilia Mazzotta, buscó profundizar en los desafíos que atraviesan la prevención y la respuesta a la explotación, el abuso y el acoso sexual en contextos operacionales, especialmente desde la perspectiva del Sur Global. 

Las especialistas del Servicio de Conducta y Disciplina de la ONU, Beth Asher y Magdalena Wos, ofrecieron un panorama preciso sobre los marcos normativos y operativos que rigen la conducta del personal en las misiones de paz. Recordaron que la Carta de las Naciones Unidas exige estándares particularmente estrictos para todas las categorías —civiles, militares, policías y contratistas—. Explicaron, además, cómo la organización estructura su respuesta frente a la explotación y el abuso sexual a partir de tres ejes. 

El primero es la prevención, que se apoya en una formación sistemática y en herramientas de gestión de riesgos. El segundo es la rendición de cuentas, que requiere la intervención directa de los países contribuyentes para llevar adelante las investigaciones correspondientes. El tercero es la asistencia a las víctimas, un componente que ambas especialistas describieron como el más difícil de implementar. La diversidad de contextos, las necesidades específicas de cada caso y las barreras legales que aún persisten hacen que este pilar se mantenga como el más frágil del sistema. 

Asher y Wos subrayaron, además, la complejidad de abordar los casos de paternidad que involucran múltiples jurisdicciones. Señalaron también la persistencia de vacíos estructurales en los servicios sociales, sanitarios y jurídicos disponibles en muchos entornos operacionales. Estos factores, afirmaron, continúan obstaculizando la posibilidad de brindar respuestas rápidas, adecuadas y sostenibles para las víctimas. 

El diálogo final permitió profundizar en dimensiones operativas clave para los países contribuyentes. Las expertas del Servicio de Conducta y Disciplina de la ONU informaron que alrededor de USD 935.000 han sido retenidos desde la creación del Fondo Fiduciario para Víctimas, monto que proviene de casos comprobados y que no depende del estatus de repatriación del perpetrador. Reiteraron que, aunque los tres pilares de la estrategia presentan desafíos, la asistencia a víctimas sigue siendo el componente más frágil y el que requiere mayor inversión institucional, política y humana. También recordaron que los actos de explotación y abuso sexual constituyen tanto conducta indebida como delito, y que la acción penal recae necesariamente en los Estados, dado que la ONU no posee competencias soberanas para llevar adelante procesos judiciales. 

Miradas desde Camerún y Egipto 

El seminario ofreció también una mirada comparada desde dos países contribuyentes de tropas: Camerún y Egipto. La Cmdte. Alice Etondy Songue expuso el enfoque de Camerún en misiones como MINUSCA y MONUSCO, donde se aplica una política firme de tolerancia cero respaldada por capacitación obligatoria en todas las escuelas militares y por la figura del Oficial Nacional Superior de Investigación, encargado de actuar inmediatamente ante reportes de posible SEA. 

Songue subrayó que las sanciones pueden implicar medidas disciplinarias y penales, e incluso la retención salarial cuando se confirma la paternidad. Sin embargo, reconoció obstáculos persistentes: el subregistro debido al miedo o la desconfianza en los canales institucionales y las dificultades que enfrentan las víctimas para acceder a mecanismos de reparación. En ese marco, Camerún evalúa nuevas vías de denuncia y acompañamiento, como la implementación de líneas telefónicas anónimas. 

Por su parte, la Tte. Cnel. El-Amira Randa Awd A. Mansour presentó la experiencia de Egipto, donde los estándares de conducta de la ONU están profundamente integrados en la doctrina militar nacional. Describió un enfoque centrado en la víctima, con ejercicios basados en escenarios reales, sensibilización cultural y perspectiva de género. Explicó que Egipto mantiene mecanismos de rendición de cuentas a través de su justicia militar y trabaja en estrecha coordinación con la ONU para agilizar reportes e investigaciones. También destacó la importancia de establecer vínculos tempranos con las comunidades locales y del despliegue de intérpretes mujeres, cuya presencia —según señaló— contribuye significativamente a la prevención del abuso y al fortalecimiento de la confianza. 

Con impacto global

La amplitud geográfica de la participación reforzó el carácter verdaderamente interregional del seminario. Por América Latina y el Caribe, hubo participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Desde el continente africano se sumaron Camerún, Egipto, Etiopía, Ghana, Kenia, Liberia, Marruecos, Nigeria, Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Sudáfrica, Sudán del Sur, Tanzania, Togo, Túnez, Uganda y Zambia. La región asiática estuvo representada por India, Indonesia, Nepal, Pakistán, Filipinas y Sri Lanka. A su vez, Europa y Norteamérica aportaron participantes desde Canadá, Estados Unidos, España, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal y Reino Unido. También participaron Turquía, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, que sumaron la perspectiva de la región MENA. 

A lo largo del webinario se hizo evidente que, más allá de los marcos normativos, los desafíos asociados al SEA continúan teniendo una fuerte dimensión humana: el miedo a denunciar, las barreras culturales, la falta de información y la complejidad de las responsabilidades legales entre jurisdicciones. Tanto las experiencias nacionales como las reflexiones del CDS coincidieron en que la confianza comunitaria, el liderazgo institucional, la formación rigurosa y la cooperación internacional son piezas indispensables para avanzar hacia entornos más seguros y responsables en las operaciones de paz. 

Hubo consenso, además, respecto a la importancia de sostener espacios interregionales de diálogo y aprendizaje mutuo, como los promovidos por RESDAL. La convergencia de voces provenientes de organismos multilaterales, instituciones estatales y sociedad civil permitió proyectar prioridades compartidas orientadas a la transparencia, la profesionalización y la protección de quienes integran y acompañan las misiones de paz.